domingo, 12 de abril de 2015

¿Fue el guernica el catalizador de los fantasmas del Reina Sofía?

En mi ciudad, Madrid, hay algunos sitios tocados con la varita mágica de lo que se hace llamar “misterio”. Lugares con una gran casuística de psicofonías, apariciones fantasmales, voces y gritos en salas vacías, puertas que se abren y se cierran solas, alarmas que saltan sin que se encuentre la causa técnica de este fallo o incluso susurros en la oscuridad sin explicación aparente. Estas son las características de algunos eventos que llevan años repitiéndose en el Museo Reina Sofía, que arrastra una leyenda negra consigo basada en testimonios de algunos trabajadores que dicen haberse encontrado con lo desconocido.
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Fotografía actual del museo
Tenemos que viajar con nuestra máquina del tiempo al siglo XVI, a ese Madrid primigenio y decadente en donde la pobreza roe unas calles llenas de miseria. Había que construir un albergue para las personas sin techo y los condenados a muerte por las gripes y la necesidad, reunirlos a todos o a la mayoría de ellos en un lugar determinado. Este albergue fue expandiéndose con el paso de los años y acabó convirtiéndose en el Hospital General, inaugurado en 1787 por Carlos III y por él pasaron miles de personas a lo largo de los años. Las condiciones no eran las mejores y el lugar estaba bañado de un hálito de muerte visceral. Enterramientos en el subsuelo, fosas comunes y un sin fin de espantos eran el día a día de este lugar infernal digno del mismísimo Torquemada. Había pocos recursos y mucha necesidad. Y nadie daba más dinero. Ya en el siglo XIX comenzaron a surgir historias de fantasmas que subían a las habitaciones de los enfermos para informarles de su próximo fallecimiento, así como extraños avistamientos de lo que llamaron “duendes en la oscuridad”. ¿Visitantes de dormitorio hace 150 años?
Poco a poco Madrid fue creciendo y los enfermos se fueron distribuyendo por diferentes localizaciones. En 1965 se cerró aquel hospital y todas las instalaciones fueron invadidas por cientos de gatos, el animal que más veces se ha identificado con la muerte en las culturas antiguas junto con la serpiente. Menos mal que en Madrid capital no hay serpientes, porque casi sería de suponer que habrían ido para allá.  En 1977 en plena transición española, el edificio fue declarado patrimonio artístico de la ciudad y se decidió aprovechar todos los edificios para hacer un gran centro de arte moderno. El Museo Reina Sofía empezaba a nacer de las cenizas de aquel hospital de mal agüero.
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Los tétricos sótanos del museo
Las obras de reacondicionamiento fueron polémicas porque se encontraron todo tipo de restos humanos óseos en sus catacumbas. Habría que haber visto las caras de los operarios al descubrir cientos de huesos en sus operaciones de ingeniería. En 1991 de hecho se llegó a descubrir a tres monjas momificadas enterradas en la capilla del antiguo hospital, a día de hoy utilizado como sótano, siendo el lugar donde se producen la mayoría de anomalías registradas en esta peculiar edificación.
En 1992 diferentes investigadores del grupo Hepta, dirigidos por el sacerdote José María Pilón decidieron entrar en estas instalaciones para comprobar in situ lo que un grupo de trabajadores comentaba al respecto del funcionamiento anormal de los ascensores. Habían pasado todo tipo de mantenimientos y por el día funcionaban con normalidad, pero durante la noche se ponían en marcha solos, como si alguien intercediera en las células fotoeléctricas y las puertas se abriesen y cerrasen. Era imposible, pero ocurría cada vez con más frecuencia. Uno de los hechos más representativos de este enigma es que todo comenzó a fluir cuando se produjo el traslado del famoso cuadro del Guernica de Pablo Picasso (que representa los bombardeos franquistas y nazis a la localidad vasca). Quizá el propio simbolismo, la mente global, el inconsciente colectivo o lo que significa ese cuadro activó resortes desconocidos dentro del continuo espacio-tiempo estaba favoreciendo la aparición de estos sucesos. Sea como fuere, aquello funcionó como un catalizador. Se sucedían las voces, los susurros, las apariciones y los encendidos y apagados de luces sin fallos eléctricos. El grupo hepta también recogió voces de niños y mediciones de campos electromagnéticos alterados. Parecía que todo iba bien en serio.
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El Guernica de Picasso, catalizador de los eventos paranormales del museo
Los trabajadores hablaban y comentaban. Podría ser el espíritu de un sacerdote del hospital a manos del ejército franquista que murió torturado durante la guerra civil en una zona del hospital que servía como celda de castigo y cámara de torturas. Podrían ser las tres monjas momificadas buscando justicia por una muerte quizás atroz. Habladurías, conversaciones off the record. Un ambiente más que curioso. Pero también un ambiente donde crecía el miedo entre los trabajadores del turno de noche.
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Fotografía de una supuesta aparición fantasmal de una monja a principios del siglo XX./M.Frondoni Lacombe
Otros se lo tomaron la obra e incluso hicieron una sesión de ouija en donde supuestamente habría aparecido un espíritu que habría alertado de una muerte cercana relacionada con uno de los integrantes de la mesa. A los pocos días un familiar de uno de los vigilantes se mataba en un trágico accidente de tráfico. Podría haber sido una casualidad, pero algunos pidieron el traslado del puesto de trabajo porque vivían su jornada laboral mirando prácticamente para atrás en cada esquina. El tiempo fue pasando y los sucesos iban y venían pero en octubre de 1997, un antiguo vigilante del Reina Sofía denunció estos sucesos a la Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid. Había pedido una baja por depresión tras asegurar haber visto fantasmas en los pasillos y salas de los sótanos del museo e incluso reclamó a la Consejería que realizase un exorcismo para limpiar su lugar de trabajo. Parecería una locura, pero podemos suponer que hasta llegar a ese extremo, un hombre tiene que haber visto mucho y pasado mucho para jugarse su honor y su puesto de trabajo con algo así.
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Pasillos del museo
Finalmente fue trasladado y sus sudores fríos y su malestar acabaron cuando se cambió al nuevo turno de día. Medio Ambiente cerró este incidente con un breve y sorprendente mensaje público:  «en virtud del Estatuto de Autonomía, la Consejería carece de competencias en fenómenos paranormales». Y por una vez, podría decir que estoy de acuerdo con ellos.
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¿Qué enigmas se ocultan en este extraño emplazamiento a día de hoy?
Siempre se ha hablado de miedo a perder el puesto de trabajo si se comentan este tipo de cosas y tal y como están las cosas parece improbable que nadie vaya a pedir una baja laboral por este tipo de asuntos a día de hoy, aunque eso no significa que los fenómenos hayan parado. Nos quedamos con la idea de la explosión de los casos a raíz de la entrada del Guernica. ¿Sería por la entrada masiva de visitantes? ¿O por su simbolismo de muerte interaccionando con la memoria histórica de un lugar marcado por la tragedia? 

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