martes, 30 de abril de 2019

Los Siete Sabios sumerios

(Muchos son los teóricos y los investigadores que ven la simbología oculta de la piña -léase por tanto glándula pineal- en muchos lugares y elementos de la cultura. Un triple paralelismo: Una escultura de bronce en un patio del Vaticano.

El cono que portaban los Apkallu. El ojo de Horus parece a todas luces un corte transversal del cerebro y esa glándula. ¿Meras casualidades?)




Es interesante resaltar, en cuanto al tipo humano de estos apkallu (los ummânū), que numerosos estudios han establecido una relación entre estos seres alados o “genii” de función benefactora, con los querubines de la simbología cristiana.

Los querubines (cherub, cherubim en inglés) son ángeles con alas y también entidades protectoras, son “celestial genii”…Y la palabra cherub muy bien podría derivar del término acadio o asirio kurubu, kirubu u otras muy parecidas.
CONEXIONES CON LOS NEPHILIM Y CON ADÁN Y EVA
Hay una serie de conexiones y paralelismos interesantísimos, establecidos por varios estudiosos, entre algunos aspectos de los Abgal/Apkallu y la tradición judeocristiana e importantes pasajes de la Biblia.

Más interesantes si cabe si tenemos en cuenta la evidente influencia de la mitología mesopotámica en la posterior mitología cristiana (el Diluvio Universal es un ejemplo elocuente, donde tenemos a Ziusudra y otros personajes en los mitos babilónicos, antecedentes de Noé).
Vayamos por partes…Tenemos primero El Mito de Adapa. Es curioso que los apkallu y los abgal fueran considerados seres semidivinos, y que al mismo tiempo Adapa fuera considerado el más grande y más sabio de ellos, cuando resulta que Adapa ascendió a los cielos…aunque acabó regresando a la Tierra.
(El dios Anu hará ascender a Adapa a los cielos)
No vamos a referir entero el Mito de Adapa, porque además existen dos posibles versiones o interpretaciones. Muy someramente podemos relatar que Adapa (rey de Eridu), según el mito, un día que está pescando en su barca se ve arrojado a las aguas (y su barca tumbada) porque el Viento Sur sopla con fuerza y le derriba.
(Adapa en su embarcación)
Adapa furioso maldice el Viento Sur y le rompe el ala, dejándolo sin poder soplar. El dios Anu se enoja por esto y manda llamar a su presencia en los cielos a Adapa, para que le dé explicaciones.

Una vez en la morada celestial, Ea, creador y padre de Adapa (le ha otorgado el conocimiento) aconseja a éste rechazar cualquier alimento o bebida que le ofrezcan, pues le causaría la muerte.

 El caso es que Adapa le hace caso a Ea, y cuando Anu le ofrece comida y bebida las rechaza.

 Pero estos presentes conllevaban también el don de la inmortalidad, que de esta manera inconsciente es rechazada por Adapa.

Anu queda sorprendido por este comportamiento y devuelve a Adapa a la Tierra, donde vivirá y morirá dada su condición de mortal. Las dos interpretaciones posibles son:

A) Que Ea engaña a Adapa, sabiendo que le van a ofrecer el don de la inmortalidad, para que la rechace sin saberlo,

y B) Que Ea es honesto en su proceder y realmente cree que Anu intentará castigar y matar a Adapa.
Lo interesante es que hay paralelismos con el mito de Adán y Eva, con el hecho de comer la manzana y el pecado original, con la caída en desgracia y su expulsión del paraíso.
Ambos mitos tratan el tema de la caída del hombre e intentan explicar su condición de mortal.

También hay cierta semejanza entre los procederes de Ea y de Yahveh, No sólo eso, sino que ambas historias nos narran una oportunidad o un don valiosísimo desperdiciados. Además, Adapa/Adán o Adamu son el primer hombre, al que Dios ha bendecido con el don de la inteligencia.
Adapa consigue enojar a Anu, pero recordemos que también los apkallu Piriggalnungal y Piriggalabzu han provocado la ira de los dioses.

Esto conecta directamente con el mito de los Nephilim bíblicos, que hicieron enfadar a los dioses y fueron castigados, convirtiéndose en los ángeles caídos.

En ambas historias se trata del acto de otorgar el conocimiento a los humanos.

Los Elohim o Refaim se aparean con las hijas de los hombres, y además les hacen conocedores de preciosos secretos, y ambas cosas enfurecen a los dioses.



‘’Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos: Estos fueron los valientes de la antigüedad, varones de renombre’’. (Génesis 6:4)
Tenemos más correlaciones sorprendentes. Se dice que Utuabzu, el séptimo y último de esos seres anfibios antediluvianos “ascendió a los cielos”.

Pero Utuabzu era el consejero del legislador conocido como Enmeduranki. Algunos estudiosos han querido identificar a este legislador con el personaje bíblico Enoch.

La Biblia nos dice que Dios tomó a Enoch y lo hizo ascender a su lado, para no regresar nunca más entre los humanos.

 Los tres libros apócrifos atribuidos a Enoch describen cómo éste fue otorgado con tesoros celestiales, secretos y conocimientos. Lo más sorprendente es que Enoch figura en el Génesis como el séptimo (al igual que Enmeduranki) de los diez patriarcas antediluvianos, que vivieron cientos y cientos de años (como esos diez reyes sumerios…).

Más coincidencias:

No sólo Utuabzu ascendió a los cielos, sino que el mito nos dice que el soberano Enmeduranki ascendió a los cielos él mismo (Shamash y Adad le tomaron, y le enseñaron secretos y conocimientos). Este soberano regía la ciudad de Sippar, conocida por su culto al Sol…y la Biblia nos dice que Enoch vivió, antes de ascender al cielo, 365 años, justo la duración (en días) de un año terrestre.
“Por fe, Enoch fue trasladado para que no viera la muerte; y no fue encontrado, porque Dios lo había trasladado: ya que antes de su traslado había complacido a Dios.”
Son muchos datos que nos dan que pensar (y que señalan claramente que la Biblia bebió de los mitos mesopotámicos), y tenemos a los Abgal que instruyeron conocimientos a la especie humana, y a los Nephilim o gigantes que compartieron conocimientos con la raza humana, aparte de cruzarse genéticamente con ellos, todo ello antes del gran diluvio…
(Enoch ascendió a los cielos, Enmeduranki ascendió a los cielos y Utuabzu ascendió a los cielos, si hacemos caso de los diferentes mitos)
LA DIVINIDAD NISROCH
Detengámonos por unos momentos en esta enigmática figura, pues se trata de una deidad en sí misma, a la que se identificó o se ha identificado en alto grado con los Apkallu del tipo águila -o en general, cabeza y alas de ave- y que es estéticamente tan fascinante, o más, que los Apkallu del tipo pez…
Nisroch -también tenemos Nisroc o Nesroch, así como su transcripción en varias lenguas- fue una divinidad asiria, supuestamente tratada como un dios de la agricultura.

Se le representa con cabeza, pico, penacho y grandes alas de ave y con exagerados músculos, y casi siempre cuidando de ese Árbol de la Vida, con el banduddu, ese pequeño recipiente, en una mano, y con ese cono o esponja en la otra, purificando (probablemente con incienso) o humedeciendo con agua el árbol.
Fue la divinidad del rey asirio Sennacherib (o Senaquerib).

Detengámonos por un momento en este monarca asirio, porque diversas fuentes históricas nos relatan que fue asesinado por sus hijos mientras precisamente adoraba a Nisroch en el templo dedicado a este dios (este santuario se llamaba Araske y estaba situado en Nínive).
(Senaquerib durante una de sus campañas militares)
Nos dice la Wikipedia que Senaquerib fue rey de Asiria desde el 12 de Av (julio-agosto) de 705 a. C. hasta su muerte, el 20 de Tevet (diciembre-enero) de 681 a. C., así como de Babilonia entre el 705 y el 703, y nuevamente desde el 689 a. C. hasta su muerte.

Fue hijo y sucesor de Sargón II, y estuvo ocupado en incesantes conflictos por todo el Creciente fértil durante la mayor parte de su reinado, guerreando con Elam, Urartu y Egipto.

También combatió al reino de Judá, asedió infructuosamente Jerusalén y arrasó Babilonia tras varias revueltas contra su dominio.
(Sargón II -a la derecha- con su hijo el príncipe Senaquerib en un bajorrelieve del Louvre)
Pero a pesar de todo ello, destacó por sus enormes esfuerzos en arquitectura y obras públicas.

Reconstruyó con colosales proporciones la antigua ciudad sagrada de Nínive, convirtiéndola en la gran capital de Asiria, dotándola de templos, palacios, jardines y murallas.



La historia nos cuenta que Senaquerib sufrió una terrible calamidad durante su campaña militar en Egipto (o el sitio a Jerusalén, según las fuentes), ya que perdió en una noche 185.000 soldados a causa de una extraña enfermedad pestilente.

 Es curioso, porque la Biblia se hace eco de este hecho y nos dice que Yahvé envió un ángel, que en una noche derribó a “ciento ochenta y cinco mil hombres en el campamento de los asirios”.

“Se levantaron por la mañana, y he aquí que todos eran cadáveres”. Tal desastre obligó a Senaquerib a regresar “con rostro avergonzado a su propio país”…
(“La caída de Senaquerib”, obra de Rubens)
Tanto la Biblia como Beroso, al que ya hemos mencionado, nos relatan esta calamidad bélica. Nos dice el historiador caldeo en su Libro II:
21. Al regresar de la guerra de Egipto, en Hierosolyma, Senacheirim reagrupó allí su fuerza bajo el general Rapsakes. Dios infligió una enfermedad pestilente a su ejército durante la primera noche del asedio que destruyó 185.000 [hombres], junto con sus líderes y oficiales militares.
22. Reducido al miedo y una agonía terrible por esta desgracia, y asustado todo su ejército, [Senacheirim] huyó con su fuerza restante para su propio reino, conocido como Ninos (Nínive).
23. Después de residir allí por un corto período de tiempo, le pusieron fin a su vida, traidoramente asesinado por sus hijos mayores, Ardumuzan y Seleukar, y fue puesto fuera en su propio santuario, el cual fue llamado “Araske”.
(El monarca fue pasado a espada. Recreación del asesinato)
Hay discrepancias en los nombres de sus hijos. Según la Biblia se llamaban Adramélec y Sarézer, y según la Wikipedia Adrammelech y Shizrezer.

Estos nombres aparecen corruptos por estas fuentes, ya que no se conservaron enteros en los textos cuneiformes.
Su hijo menor y heredero designado, Asarhaddón (o Esarhadón o Asaradón) vengó su muerte y le sucedió en el trono.

Tenemos otras hipótesis. Por ejemplo el profesor y asiriólogo Simo Parpola asegura que fue un solo hijo de nombre Arad-Ninlil (o Arda-Mulissi), en base a una carta neo-babilónica que se conservó. Incluso se especula que pudo matarlo aplastándolo bajo el peso de un coloso “toro alado” mientras Senaquerib oraba en el templo…
(Es curioso, porque Lammasu, deidad protectora asiria, era otra figura alada, al igual que Nisroch)
Volviendo a Nisroch, por el tipo de entidad que es, quedaría encuadrado en la categoría de los grifos (más concretamente, como “griffin-demon”):

Criatura mitológica, cuya parte superior es la de un águila gigante, con plumas doradas, afilado pico y poderosas garras.

La parte inferior es la de un león, con pelaje amarillo, musculosas patas y rabo.

Por lo menos en lo que se refiere a su parte de ave, ya que también existen ejemplos de grifos en la antigua Mesopotamia…
Muchas de sus representaciones aparecen en el palacio de Ashurnasirpal II en Nimrud, en una época ya tardía, asiria, y como divinidad protectora.

Y no todas estas representaciones son iguales en cuanto al aspecto…
Entre los detalles de su vestimenta, se podían apreciar también 4 dagas y piedras de afilar encajadas en la parte de la cintura, así como los ya mencionados brazaletes con un diseño de roseta…
Y en algunas de esas representaciones se le puede ver flotando en el aire, suspendido gracias a sus alas, o incluso volando.
Finalmente, hay que señalar que la tradición judía (el Midrash o interpretación de los textos bíblicos) sostiene que Nisroch proviene del vocablo hebreo “neser”, que sería un trozo de plancha de madera que habría pertenecido al Arca de Noé (Senaquerib lo descubrió en una de sus campañas) y al que estaba adorando cuando fue asesinado.

Por su parte, la demonología ve la figura de Nisroch como un ángel caído, que junto con Kenel sería una antigua pareja de demonios, originaria de las culturas mesopotámicas, a quienes asirios y caldeos rendían culto. También se le asocia con la figura de Belfegor.
LOS SERES NOMMO Y EL PUEBLO DOGON
Los enigmas que aparentemente envuelven a este pueblo africano son realmente fascinantes.

Vamos a explicar los dos principales misterios que atañen a los dogones.

 La complejidad y la riqueza de esta historia daría de por sí para un extensísimo artículo, y de hecho pueden encontrarse en internet magníficos artículos que desarrollan estos enigmas.



El relato del encuentro con esta etnia y las investigaciones sobre el terreno de J. J. Benítez. Cúanto creer de lo narrado en esta web, es opción personal de cada uno. Pero según cómo puede encontrarse interesante, curioso y algo inquietante.
Antes de entrar en materia, podríamos hacer la siguiente reflexión: Esta historia rodeada de misterios es un magnífico ejemplo de la indefinición de las líneas que deberíamos trazar. ¿Hasta dónde podemos, debemos o estamos dispuestos a creer? (O a la inversa, para los que huyan de o no les valga el término “creer”: ¿Hasta dónde podemos demostrar?)

¿Dónde están los límites que delimitan el escepticismo, las explicaciones racionales, la duda, el auténtico misterio, los elementos realmente inexplicables o inexplicados y una fantasía desbordada?

Dependerá de cada uno, de su talante, de sus ideas, de su predisposición, de su sentido crítico, etc, etc.

Dicho en otras palabras, habrá quien crea todo o casi todo lo que se expone en diferentes artículos que tratan este misterio, mientras que otros autores y lectores son más críticos y ven el asunto no exento de polémica y de dudas.
Los Dogon son una etnia relativamente primitiva del África occidental, que habita la zona del Sahel, en la actual República de Mali y el norte de Burkina Faso.

Son sencillos agricultores de la sabana que también tienen ganado y se distinguen sobre todo por su arte en la forja y la talla de madera. Construyen sus casas alrededor de cuevas en las paredes del acantilado de Bandiagara y mantienen unas rígidas tradiciones tribales…
Y aquí llega el primer gran misterio, ya que parecen poseer dentro de su sabiduría tradicional conocimientos astronómicos muy precisos sobre el sistema estelar de Sirio, que sólo es posible obtener utilizando avanzados recursos tecnológicos.
Los mitos de este pueblo contendrían referencias claras a la invisible acompañante de Sirio, una enana blanca que fue predicha por la ciencia en 1844 y descubierta en 1862.

Aun más, la describirían con detalles tan exactos como sorprendentes, considerándola como muy pequeña y formada por el metal más pesado del mundo, y con un período orbital de 50 años, virtualmente idéntico al calculado por la astronomía occidental.

A primera vista, esto parece imposible. Un conocimiento de esa naturaleza sólo lo pueden haber recibido los Dogon de una civilización científicamente avanzada. De dónde procedería esta civilización -de este planeta o de otro lugar- por supuesto es un punto abierto al debate.
En esencia, podemos decir que los Dogon habrían predicho que Sirio es un sistema estelar no solamente doble, sino triple, formado por Sirio A (Sigui Tolo, o ‘estrella del Sigui’), una estrella gemela, Sirio B (Po Tolo, «tan pesada que todos los hombres del planeta no podrían levantarla») y por una tercera estrella (Sirio C o Emme Ya) 4 veces más liviana que Po Tolo; esa estrella compañera (Sirio B), y sus datos se conocían en Occidente desde 1862; su diámetro es similar al de la Tierra y su peso similar al de nuestro Sol.
Sirio A es casi el doble de grande que nuestro sol, su temperatura superficial es el doble de alta y brilla con una intensidad unas 24 veces más fuerte.

Se encuentra relativamente cerca, a solamente unos 8’6 años luz de la Tierra, siendo la estrella más brillante de la constelación de Orión, en el hemisferio sur celeste. Su nombre propio es Alfa Canis Majoris.
En cuanto a Sirio B, su magnitud es de 8,7, por lo que resulta absolutamente invisible a ojo desnudo. La separación máxima de Sirio A y B es de apenas 11 minutos de arco, lo que significa que para un observador normal sería casi imposible discernir entre esos dos puntos luminosos.

La primera visualización moderna de Sirio B (Alvan Clark, en 1862) requirió el mayor telescopio existente de la época. Baste decir que la órbita predicha por los dogones para esta invisible acompañante fue de 50 años, mientras que la moderna astronomía la calculó en…50’04 años.

El pueblo Dogon la definió como formada por un material muy pesado, que ellos llamaban “sagala”, y que “todos los seres humanos a la vez no podrían levantarlo” (un metro cúbico de Sirio B pesa alrededor de setenta y una mil toneladas).
También la llaman la “Estrella Digitaria”, en referencia al grano de la Digitaria exilis, gramínea conocida popularmente como fonio. Su grano es el más pequeño que conocen, y, por tanto, la más pequeña de las cosas.

Y de hecho consideran a Sirio B más importante que Sirio A, ya que la conciben como el origen del Universo, la que contiene la esencia de todas las cosas. Sirio B -Po tolo- es la primera estrella creada por el dios Amma y el eje del Universo. Consideran que el Sol y Sirio son dos estrellas gemelas, con un origen común.
En cuanto a Sirio C o Emme Ya, (que significa “el sol de las mujeres” o “Sorgo hembra”), la verían como mucho mayor que Digitaria, pero cuatro veces más liviana, y recorrería su órbita alrededor de Sigu tolo (Sirio A) también en cincuenta años, pero a una distancia mayor.

Alrededor de Emme Ya habría un satélite que le sirve de guía, al que denominan “Nyân tolo”, “la estrella de las Mujeres”, y sería el lugar de donde habrían venido sus dioses.

Hay que decir que fue en 1995 cuando los astrónomos franceses Benest y Duvent publicaron en la revista “Astronomy and Astrophysics” el descubrimiento “teórico” de Sirio C por una perturbación observada en las órbitas de Sirio A y B.

Según sus conclusiones Sirio C es una enana roja, muy poco brillante, todavía no visualizable con la tecnología óptica actual, lo cual quiere decir que oficialmente aún no ha sido reconocida y aceptada su existencia.
(¿Podría el sistema estelar de Sirio tener una configuración semejante a este esquema? Fuente: serunserdeluz.wordpress.com)
Estos son esquemáticamente los datos en cuanto al sistema de Sirio, y esos supuestos conocimientos.

Los Dogon representan el sistema de Sirio en una figura que denominan “el huevo del mundo”, un “preciso diagrama orbital” en el que Sirio A ocupa uno de los focos de la elipse…
La semejanza de ese dibujo con los datos científicos parece sorprendente…
Aunque sin embargo, otras fuentes más escépticas y críticas cuestionan que ese “huevo” represente en realidad a ambas estrellas y una órbita…
Pero los conocimientos ancestrales y astronómicos de esta etnia no se limitan solamente al sistema de Sirio (en el que se centran), sino que abarcan a nuestro Sistema Solar, con datos precisos, como por ejemplo:

Describen a la Luna como “seca y estéril”, saben que el planeta Júpiter (al que llaman “Dana tolo”) tiene cuatro grandes satélites (los llamados galileanos), conocen los anillos de Saturno, y que los planetas describen órbitas elípticas alrededor del Sol (noción solo aceptada a partir de Kepler, siglo XVII). Además, describen a la Vía Láctea como una galaxia espiral formada por millones de estrellas.
Expuesta toda esta información, cabe hacerse dos preguntas: Primera, ¿de dónde extrajeron los Dogon todos estos conocimientos? Y segunda, ¿cómo llegó todo esto a oídos del mundo occidental?
Y contestando a la primera de ambas preguntas es donde esta historia enlaza directamente con nuestro artículo y los misteriosos seres Apkallu: Según las leyendas de los dogones, la fuente primigenia de este asombroso saber astronómico fueron los seres que ellos denominan “Nommo”, (o también “Nummo”), los “Maestros del Agua” e “Instructores”.

Seres de apariencia anfibia, mitad pez y mitad hombre, o híbridos. Llegaron procedentes de ese satélite que orbita a Emme Ya, aproximadamente hacia el año 3000 a. C.
¿Podemos saber más detalles de su apariencia física? El investigador J.J. Benítez, que visitó los poblados de esta etnia y estuvo investigando este misterio, nos explica en su web (planetabenitez.com):
“…fueron ocho los «nommos» que bajaron a tierra. Otros hablan de ocho parejas. ¡Y todos coinciden: eran como PECES! ¡Hombres peces! La mitad superior parecida al ser humano. La mitad inferior como la cola de un gran pez (otros se refieren a un «cuerpo de serpiente»).

Tenían cuarenta dientes.

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