martes, 29 de septiembre de 2015

“Busco un hombre para asesinarlo y comerlo”: el caso del Caníbal de Rotemburgo

 

Armin Meiwes, el caníbal

1. Hannibal Lecter

Muchos aquí habremos visto la película “El Silencio de los Inocentes” en la que Hannibal Lecter, magníficamente representado en la pantalla grande por Anthony Hopkins, ayuda a la agente del FBI Clarice Starling en la búsqueda del asesino en serie Buffalo Bill, caracterizado por desollar vivas a sus víctimas (todas las cuales son mujeres).
El personaje de Hannibal, que no en vano fue elegido en el mejor villano del cine en una votación popular según el Daily Mail, era en sí mismo un asesino en serie: un caníbal que gustaba de probar la carne de sus víctimas. Pues bien, Armin Meiwes ha sido llamado “el Hannibal Lecter de carne y hueso” tras popularizarse la historia de su canibalismo, que está a medio camino entre lo horrible y lo absurdo.

2. El anuncio en internet          

Muchos asesinos buscan a sus víctimas en sitios oscuros, alejados, donde sepan que no pueden encontrar ayuda. Otros las seleccionan de acuerdo con ciertos criterios – belleza, olor, edad, sexo, género, parentesco, comportamiento – y las siguen cuidadosamente hasta que logran su objetivo. En cualquier caso, suelen ser procesos bastante largos, que involucran una selección muy concienzuda de la víctima.

Armin Meiwes no pudo ser más diferente. Parece ser que el hombre no buscaba una víctima tanto como un compañero, alguien con quien pudiera cumplir su sueño de tener el vínculo supremo, la relación más estrecha posible… a sus ojos claro. Alguien con quien pudiera probar el canibalismo.
Meiwes en el juicio

Para encontrar esta persona el hombre no pudo elegir un método menos ortodoxo: publicar el siguiente anuncio en una página web:
“Se busca hombre de entre 18 y 30 años, de buena complexión, para ser asesinado y consumido”.
Bien dicen que de todo hay en la viña del señor. Pues bien, decenas de personas respondieron con interés el anuncio de Meiwes, que pronto comenzó a evaluar quién sería el elegido para cumplir su mayor fantasía.

3. La vida de Armin Meiwes

Según se cuenta Meiwes, quien nació el 1 de diciembre de 1961, dedicó gran parte de su vida a cuidar a su madre enferma. Desde pequeño desarrolló tendencias sexuales… peculiares (según dice, tenía deseos frente a su hermano imaginario) que involucraban la noción de canibalismo como el vínculo más fuerte que puedan tener dos personas.
Se dice que la soledad derivada de vivir únicamente con su madre lo dejó, a la muerte de esta, sin una base familiar o social firme para evitar estas tendencias. Sin embargo hay que entrar en defensa del personaje y asegurar que jamás cometió un acto sin la aprobación completa de la otra persona.

4. La búsqueda de un compañero

4 veces rechazó Meiwes a las personas que habían respondido su mensaje afirmativamente al darse cuenta de que dudaban, que no estaban completamente convencidas de lo que estaba por suceder: hacer eso no tenía sentido si la víctima no estaba de acuerdo. Fueron también muchas las que se retiraron voluntariamente tras considerar que quizás era mejor seguir con vida.
Pero una persona parecía tan emocionada como él ante la posibilidad (en su caso) de ser comido vivo. Bernd Jürgen Armando Brandes, un ingeniero de sistemas de Berlín que trabajaba como desarrollador de la empresa Siemens respondió su mensaje con el seudónimo de cator99. La conversación entre los dos, luego revisada por la policía, parece indicar un cierto afán de Brandes para llevar a cabo el “acto” (al que no se me ocurre cómo más llamar).
Bernd Brandes, la “víctima”
El 9 de marzo del año 2001 Brandes se presentó al hogar de Meiwes. La cosa iba en serio y tras compartir algunas copas y mantener relaciones sexuales los dos hombres se dirigieron a la llamada sala de la masacre. Meiwes grabó con una cámara todo el proceso.
Brandes había consumido varias píldoras contra el dolor, así como alcohol, por lo que no parecía sentir mayor dolor. El hombre insistió repetidamente en que Meiwes mordiera su pene y lo arrancara, pero cuando esto se probó imposible Meiwes lo cortó con una navaja y procedió a cocinarlo. Juntos lo comieron (tanto como pudieron, al menos, pues se había quemado) y luego Meiwes le dio a Brandes 20 píldoras para dormir y lo dejó en una bañera para que se desangrara.
Para acelerar el proceso Meiwes le dio a su compañero una puñalada en la garganta y lo colgó en un gancho de carne en el cuarto que había destinado para ello. A lo largo de los siguientes 10 meses el hombre consumió unos 20 kilogramos de carne de Brandes, que mantenía escondidos en su nevera bajo cajas de Pizza.

5. El juicio de Meiwes

De no ser porque siguió buscando nuevas víctimas, lo que llamó la atención de las autoridades, seguramente el caso habría pasado desapercibido. Sin embargo, una vez en la mira de la policía era poco lo que Meiwes podía hacer para defenderse: todas las pruebas necesarias estaban en su casa, desde el video hasta las conversaciones con Brandes.
El juicio se convirtió en un asunto importante, tanto en la legislación como en la cultura popular. Muchos consideraban que dado que se cometió con la completa autorización (y hasta el deseo, podríamos decir) de la víctima, una condena no era justa. Sin embargo matar a una persona, aún bajo su petición, es delito en Alemania, y el hombre fue condenado a 8 años de prisión. En el 2005 la sentencia se revisó (ante las evidencias de que el hombre seguía buscando nuevas víctimas) y la fiscalía reconsideró su condena, haciéndola esta vez una cadena perpetua.
Actualmente Meiwes asegura que se arrepiente de sus actos y se ha convertido en un vegetariano

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