lunes, 11 de julio de 2016

Los espíritus familiares: animales de poder y asistentes de las brujas





La leyenda de la maléfica bruja y su diabólico animal familiar es bien conocida, y constituye un icono repetido a menudo. Cuando las estaciones cambian y las noches se hacen más largas, no resulta raro observar imágenes y símbolos de una bruja envuelta en una oscura capa con un maligno gato negro o sapo junto a ella. Es éste un fantástico arquetipo de cómo los practicantes de la magia eran capaces en el pasado de controlar la naturaleza y a los animales, aunque es también un eco lejano de las creencias que dieron pie a estos mitos.
La idea de la existencia de criaturas mágicas espirituales ha resonado a lo largo de la historia en mitos sobre la creación del mundo, tradiciones tribales y religiones, pero es solo relativamente reciente el hecho de que animales mágicos y familiares hayan sido reinventados como maléficos o peligrosos acompañantes. Históricamente, los ‘familiares’ o espíritus eran considerados por lo general más una especie de ángeles guardianes que unos seres malignos y demoníacos.  
Frontispicio del libro ‘El descubrimiento de las brujas’ (1647), obra del cazador de brujas Matthew Hopkins. En la ilustración se observa a dos brujas identificando a sus espíritus familiares. (Public Domain)
Los espíritus familiares de las brujas
Mucha gente evoca la imagen de una bruja con un gato o un sapo cuando se habla de espíritus familiares. En los días de la extendida persecución de las brujas en Europa y Norteamérica en la época moderna y antes en la Edad Media, se suponía que las mujeres acusadas de practicar la magia y la brujería poseían un animal que actuaba como su ‘espíritu familiar’, generalmente gatos, perros, búhos, ratones, tritones o sapos. Estos sirvientes de las brujas eran considerados habitualmente demonios de baja categoría o incluso elementales, al igual que por ejemplo las hadas. En la contribución inglesa y escocesa a las leyendas de la época, se decía que los espíritus o animales familiares se alimentaban de la sangre de la bruja. Ésta, a cambio, tenía la posibilidad de servirse de ellos para lanzar hechizos. Los espíritus familiares podían cambiar de forma y actuar como espías. Muchas amantes de los animales completamente inocentes fueron perseguidas por esta ‘antinatural’ complicidad, y se les achacaba todo tipo de infortunios, como que la leche se corrompiera o se echaran a perder los cultivos.  
“En el transcurso de los juicios por brujería de Salem, disponemos de escasa documentación acerca de la posesión de animales familiares, aunque se acusó a un hombre de inducir a un perro a atacar por medio de la magia. El perro, curiosamente, fue juzgado, condenado y ahorcado,” revela Patti Wigington en About Religion.

Ilustración de la Inglaterra de finales del siglo XVI en la que podemos ver a una bruja dando de comer a sus animales familiares. Algunos historiadores opinan que los espíritus familiares son un concepto anterior al cristianismo. (Public Domain)
En PaganLore podemos leer que más allá de los infames juicios por brujería, los animales y espíritus familiares“ayudaban a diagnosticar las enfermedades y el origen de los embrujos, y eran asimismo utilizados para la adivinación y para encontrar objetos perdidos y tesoros. Los magos les invocaban en rituales para a continuación encerrarles en botellas, anillos y piedras. En ocasiones los vendían como encantamientos, asegurando que los espíritus garantizarían el éxito en el juego, el amor, los negocios, o cualquier otra cosa que deseara el cliente. Este tipo de espíritu familiar no era ilegal técnicamente; el Acta de Brujería decretada en Inglaterra en el año 1604 solamente prohibía los espíritus malignos y perversos.”

A causa de la supuesta naturaleza peligrosa de los ‘familiares’, muchos animales fueron masacrados, en su mayoría gatos. Estas muertes dieron pie a una trágica situación. A mediados del siglo XIV, la Peste Negra estaba devastando Europa. Algunos expertos sugieren que la atroz disminución de la población de gatos permitió a ratas y roedores proliferar en exceso, incrementando la presencia de pulgas portadoras de la enfermedad y provocando por último la diezma de la población humana de la época.
“Poción amorosa”, óleo de Evelyn De Morgan: una bruja con un gato negro a sus pies como animal familiar. (Public Domain)
Daimones
En la antigua Roma, se creía que un espíritu guardián o tutelar defendía todo hogar o nación, e incluso humildes fincas o almacenes. El filósofo griego clásico Sócrates hablaba de un espíritu personal o daimón que guiaba su conciencia y le impedía cometer errores a causa de la precipitación o tomar decisiones equivocadas.
Muchas religiones orientales erigen santuarios y altares dedicados a los espíritus tutelares. En Bangkok, por ejemplo, podemos encontrar numerosas ‘casas de espíritus’ diminutas pintadas de vivos colores y que se cree que albergan dioses tutelares.
Animales totémicos
Los animales de poder ocupan un lugar destacado en la mitología de los pueblos nativos americanos. Estos auxiliares forman parte del reino de los espíritus, y se cree que ayudan al chamán cuando son invocados. Según las creencias nativas, los animales totémicos – animales simbólicos que reflejan ciertas cualidades o características – sirven de guías y espíritus guardianes, tanto en el mundo físico como en el espiritual. Se cree que aconsejan en la orientación y tareas de la vida. Estos animales pueden ser desde las más diminutas mariposas hasta búfalos de gran tamaño, ciervos, coyotes, conejos, tortugas, etc. En definitiva, se les consideraba criaturas benévolas y útiles (aunque también cometían travesuras en ocasiones).
La figura de los animales totémicos o familiares puede encontrarse en culturas de todo el mundo: África, Australia, Europa Occidental y Oriental, etc.
Ilustración de un mago o chamán acompañado de sus animales totémicos (totemtalk)
Los espíritus familiares entre las brujas de hoy en día
Neopaganos y seguidores de la religión Wicca creen en el poder de los ‘compañeros animales’, más conocidos como ‘familiares’. Históricamente, los espíritus familiares han sido considerados demonios de bajo rango, aunque las ‘brujas’ modernas (practicantes de la Wicca o neopaganas) los ven como criaturas sensibles a las vibraciones psíquicas, la percepción extrasensorial y la magia, y los emplean como asistentes mágicos. Se cree incluso que pueden sentir y advertir de la presencia de magia maléfica.
Aún quedaría por demostrar que estos animales son realmente la encarnación de espíritus familiares, responsables de la mala fortuna o el lanzamiento de hechizos mágicos. Sin embargo, apenas se necesita un momento con un compañero de cuatro patas para reconocer la presencia de una chispa de sabiduría, o incluso de una traviesa malicia en su interior.
Imagen de portada: Macbeth ante las tres brujas. Grabado basado en un original de Reynolds c. 1786 (Public Domain). A los pies de las brujas se pueden observar diversos animales familiares

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